Mohammad Idrissi, imán de la mezquita Al-Hidaya en el barrio de la Macarena, asegura que la convivencia es total y que las puertas del templo están abiertas para quienes quieran conocer su día a día.
Mohammad Idrissi, imán de la mezquita Al-Hidaya del barrio de la Macarena, lleva 25 años viendo cómo su templo forma parte del paisaje de la calle Los Romeros. Allí, entre cinco rezos diarios, la comunidad musulmana desarrolla su vida con normalidad. Idrissi, cordobés de nacimiento y sevillano de corazón, no entiende la polémica que ha rodeado al nuevo templo proyectado en el Polígono Sur y lanza una invitación directa a Vox: “La cura a esa ignorancia y a ese odio que algunas personas presentan es conocerse”.
La mezquita Al-Hidaya, conocida como la mezquita de la Macarena, ocupa los bajos de un edificio de viviendas. Allí, justo antes del rezo de las 18.30 horas, una treintena de fieles se congrega siguiendo el ritual de descalzarse y esperar la cuenta atrás que marca la hora. No es el día de mayor afluencia —el viernes es la jornada fuerte—, pero el ambiente es de recogimiento. Durante unos diez minutos, el silencio se apodera del local.
Idrissi, de 36 años y padre de dos hijos, asegura que la polémica en torno a la mezquita del Polígono Sur nace del desconocimiento. “Si las personas tuviesen la información correcta y no esos bulos por los cuales hoy en día se mueven, la reacción sería muy diferente”, afirma. Entre los rumores que circulan, señala que se ha dicho que la nueva mezquita se financiará con dinero público, cuando en realidad los fondos saldrán de la propia fundación promotora.
El imán subraya que no será la primera mezquita de Sevilla, como algunos creen. “Hay bastantes, y en todas hay convivencia, no tensión social ni una zona de conflicto”, explica. En el caso de la Macarena, los vecinos de alrededor —de otras religiones o sin ninguna— mantienen una relación cordial. De hecho, Idrissi es vicepresidente de la asociación de vecinos del barrio.
La mezquita Al-Hidaya fue fundada por su padre, Hassan Idrissi, que empezó alquilando un local y luego lo compró. Ahora, el templo abre sus puertas cinco veces al día para rezos, charlas y actividades. Idrissi invita a cualquiera, incluso a los críticos, a entrar y ver cómo funciona. “Dicen que sienten una sensación de tranquilidad al salir”, comenta.
Para el imán, la polémica responde a intereses políticos que se aprovechan del auge de la islamofobia. “Hay políticos que tienen unos intereses y se aprovechan de un escenario con auge de la islamofobia”, denuncia. Pero él prefiere centrarse en la convivencia diaria, en la que musulmanes y no musulmanes comparten barrio sin conflictos.
La invitación de Idrissi es clara: “Que cualquier persona, incluso sin ser musulmán, entre y vea cómo se lleva a cabo todo”. Una oferta que extiende a los miembros de Vox, a quienes pide “dejar a un lado esa ignorancia, que es la que suele ser la razón del odio”.

