El artista plástico Jesús Alcarazo, con taller en Alcalá de Guadaíra, ha sido galardonado con el premio Niculoso Pisano que otorga la asociación homónima junto al Ayuntamiento de Sevilla durante la Velá de Santa Ana.
Jesús Alcarazo, artista plástico afincado en Alcalá de Guadaíra, ha recibido el premio Niculoso Pisano, un reconocimiento que concede la Asociación Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano en colaboración con el Ayuntamiento de Sevilla con motivo de la Velá de Santa Ana. El galardón distingue su trayectoria en la cerámica, especialmente su trabajo inspirado en la tradición alfarera de Triana.
“Estoy muy contento y agradecido”, ha declarado Alcarazo desde su taller en Alcalá de Guadaíra, donde desarrolla piezas que beben de las tendencias estilísticas que marcaron el auge de la cerámica trianera en el siglo XVIII. El artista, que comenzó su andadura profesional centrado en la pintura y el dibujo, dio el salto a la cerámica en 2018, cuando decidió explorar este material como vehículo de expresión artística.
“Desde pequeño tenía en la cabeza la cerámica, pero nunca le había buscado un hueco. Me gustaba, pero no le veía la parte laboral”, recuerda. Su primer proyecto fue decorar la casa de sus padres, sin intención de convertirlo en un negocio. Sin embargo, los encargos comenzaron a llegar y, poco a poco, se dio cuenta de que “el camino estaba abierto”.
Las primeras nociones las adquirió en el taller de Antonio González, en Mairena del Aljarafe. “Empecé a hacer trabajos para mí, que se vendieron rápido. Un amigo me encargó la decoración de la fachada de su clínica dental, que fue un gran proyecto y me ayudó muchísimo”, explica. A partir de ahí, los encargos se sucedieron, tanto de particulares como de hermandades.
Uno de los hitos de su carrera llegó de la mano de la Hermandad de la Esperanza de Triana, para la que ha diseñado, pintado y creado todo el concepto cerámico del Camarín de la Virgen, en la Capilla de los Marineros. “Fue una sorpresa porque me llamó de noche el hermano mayor y me dijo que quería una reunión para contar con mi trabajo”, relata. Este proyecto, que sigue en desarrollo, ha sido clave en su consolidación como ceramista.
A pesar de no vivir ni tener su taller en Triana, Alcarazo afirma que su cabeza no deja de pensar en el lenguaje de la cerámica trianera, caracterizada por un color fundamental: el amarillo. “El color es el amarillo de Triana, compuesto por distintos óxidos. Cada taller le da un lenguaje distinto y el público general lo concibe así. Es una cerámica muralista, no de detalles, con una obra más cercana al concepto de pintura mural que a la de caballete”, detalla.
Otro elemento icónico de esta tradición son los lebrillos, piezas que hoy no tienen una función de uso pero que conservan un gran potencial decorativo. “Es una pieza que hay en cualquier casa de Triana”, señala.
En la actualidad, Alcarazo trabaja en un proyecto en Alcalá de Guadaíra similar al de la Esperanza de Triana: un altar dedicado a la Virgen de Fátima. “Tengo muchos proyectos y sueños que cumplir”, asegura. El premio Niculoso Pisano supone un espaldarazo a su trayectoria y, aunque confiesa ser “hombre de pocas aglomeraciones”, este año tiene una cita obligada: la Velá de Santa Ana. “Iré. Este año es una cita obligada”, dice entre risas.
La gala de entrega del premio se celebrará el domingo 26 de julio, festividad de Santa Ana, en el Altozano, a las 22:30 horas. Alcarazo dedica el galardón a sus padres, a quienes considera “su motor”.

