Triana celebra estos días su tradicional Velá de Santa Ana, considerada la fiesta más antigua de la ciudad de Sevilla. La devoción a la santa y la fuerte identidad del barrio han logrado que perviva ininterrumpidamente desde el siglo XIII.
El barrio de Triana se engalana para una de sus citas más señaladas del año: la Velá de Santa Ana, que arranca estos días con un programa de actos que conjuga culto religioso, tradiciones populares y espectáculos musicales. Esta celebración, que se remonta al siglo XIII, está considerada la más antigua de la ciudad de Sevilla y ha logrado mantenerse fiel a sus orígenes a lo largo de los siglos.
El origen de la devoción a Santa Ana en Triana se sitúa en una promesa del rey Alfonso X el Sabio. Según relata Isidro González, colaborador de las delegaciones diocesanas de comunicación y Hermandades y cofradías, el monarca sufrió una afección en los ojos y prometió erigir un templo en honor a Santa Ana, madre de la Virgen María, si sanaba. Cumplida la promesa, se construyó la Real Parroquia de Santa Ana, un templo de estilo gótico-mudéjar que hoy es uno de los más importantes de la archidiócesis por su patrimonio y la devoción ininterrumpida que alberga.
Antiguamente, las veladas populares en torno a las festividades de los santos patronos eran frecuentes en muchos barrios de Sevilla. Sin embargo, la mayoría han desaparecido con el tiempo, como la de San Pedro o la de El Salvador. La de Triana, en cambio, ha sobrevivido y se ha consolidado como un evento único en la ciudad. González la define como "la fiesta más antigua de la ciudad de Sevilla".
La pervivencia de la Velá se explica por la fuerte devoción a Santa Ana y, sobre todo, por la marcada personalidad de Triana. El barrio "siempre ha tenido un cariz propio y muy acusado dentro de la ciudad de Sevilla", señala González, recordando que históricamente ha llegado a tener representantes municipales propios, conocidos popularmente como "el alcalde de Triana". Este fuerte sentido de identidad ha provocado que los trianeros siempre se hayan preocupado por mantener las esencias de su barrio, asegurando la celebración ininterrumpida de la fiesta.
A diferencia de la Feria de Abril, que nació en el siglo XIX con un carácter ganadero, la Velá de Santa Ana siempre ha sido una prolongación popular de los cultos religiosos. Aunque ha evolucionado, "no se ha separado demasiado ni de sus fechas ni de su motivación", afirma González. La celebración mantiene su epicentro en la calle Betis, el Altozano y la calle Pureza, donde se mezclan los festejos populares con los espectáculos musicales.
Entre sus tradiciones más emblemáticas se encuentra la cucaña del río, una actividad que González describe como "una reliquia de tiempos pasados, un fósil festivo que merece conservarse". Este juego, junto al cante, el paseo y las clásicas avellanas verdes, era una forma de sobrellevar el calor del verano antes de la llegada del aire acondicionado.
La esencia de la fiesta permanece intacta, algo que queda reflejado cada año en el cartel, que sigue mostrando los elementos insustituibles de la Velá: la cerámica trianera, el puente de Triana, el río y la parroquia. Para los vecinos de Triana y de toda Sevilla, la Velá de Santa Ana no es solo una fiesta, sino un vínculo con su historia y una seña de identidad que se resiste a desaparecer.
El programa de este año incluye actos religiosos, conciertos y actividades para todos los públicos. Los asistentes podrán disfrutar de la tradicional procesión de la imagen de Santa Ana por las calles del barrio, así como de actuaciones musicales en los escenarios instalados en la calle Betis y el Altozano. La cucaña, uno de los momentos más esperados, se celebrará el día central de la velada.
La Velá de Santa Ana es, en palabras de González, "una reliquia de tiempos pasados" que merece conservarse. Y por el aspecto de las calles de Triana estos días, parece que así será por muchos siglos más.

