El centrocampista, descartado por el club y entrenando aparte, sigue sin aceptar ofertas. Su ficha de casi siete millones anuales lo convierte en el principal obstáculo económico para la planificación deportiva.
El Sevilla FC afronta el tramo decisivo del mercado de fichajes con un lastre que se resiste a desaparecer: Joan Jordán. El futbolista, que regresó tras su cesión al Deportivo Alavés, continúa entrenando al margen del grupo desde el segundo día de pretemporada y no muestra intención de facilitar su salida. Su elevada ficha, cercana a los siete millones de euros por temporada, lo convierte en el contrato más gravoso de la plantilla y en un freno para las operaciones de entrada y salida.
Mientras otros compañeros han optado por ceder o acelerar su adiós, la postura del ex del Éibar se mantiene inalterable. Tanguy Nianzou, por ejemplo, alcanzó recientemente un acuerdo para reducir su salario y allanar su traspaso al Lille. Rafa Mir, por su parte, avanza en las negociaciones para abandonar el club. Sin embargo, Jordán, de 31 años, no ha dado pasos en esa dirección.
La situación genera un problema doble para la dirección deportiva. Por un lado, la masa salarial del Sevilla sigue siendo elevada, lo que dificulta la inscripción de nuevos fichajes en LaLiga. Por otro, la presencia de un futbolista descartado pero con un contrato blindado limita los movimientos en un mercado en el que el club necesita reforzar varias posiciones.
Fuentes cercanas al vestuario aseguran que el jugador es consciente de que no entra en los planes del entrenador, pero prioriza el cumplimiento de su contrato, que aún le vincula con el Sevilla hasta 2027. Esta postura, legítima desde el punto de vista contractual, choca con la necesidad del club de aligerar su estructura económica para poder competir en igualdad de condiciones con otros equipos de LaLiga.
El Sevilla ya ha encarrilado algunas inscripciones y gana fuerza en el mercado, pero la persistencia de Jordán como 'tapón' económico lastra las aspiraciones de la entidad. La afición, mientras tanto, observa con preocupación cómo un futbolista que llegó en 2019 procedente del Éibar por unos 14 millones de euros se ha convertido en un símbolo de la gestión de los grandes contratos.
La directiva no descarta nuevas vías para desbloquear la situación, como una posible rescisión negociada o una cesión con parte del salario subvencionado. Sin embargo, el tiempo corre y el cierre del mercado se acerca. La pelota está en el tejado de Jordán, que deberá decidir si apuesta por minutos en otro equipo o se mantiene firme en su postura, con el consiguiente coste deportivo y económico.
El caso de Joan Jordán ilustra las dificultades que atraviesa el Sevilla en su intento por sanear sus cuentas y renovar una plantilla que necesita savia nueva. Mientras el club negocia con varios clubes interesados en el jugador, la decisión final sigue en manos de un futbolista que, por ahora, prefiere esperar sentado.

