La emblemática figura de Curro, mascota de la Expo 92, ha sido robada de su ubicación junto al puente de la Barqueta apenas un mes después de su instalación. El Ayuntamiento de Sevilla ha anunciado que denunciará los hechos.
La estatua de Curro, la icónica mascota de la Exposición Universal de Sevilla de 1992, ha desaparecido de su emplazamiento en la Isla de la Cartuja, junto al puente de la Barqueta. La figura fue instalada hace apenas un mes como parte de la reurbanización del entorno, y su robo ha sido confirmado por el Ayuntamiento de Sevilla a través de sus redes sociales.
El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha calificado el suceso de "intolerable" y ha condenado públicamente lo ocurrido. "Condeno públicamente estos hechos injustificables y que no tienen cabida alguna en una ciudad que es modelo de convivencia", ha manifestado el regidor, en un mensaje en el que también ha enmarcado este episodio en una sucesión de actos vandálicos registrados recientemente en la ciudad, como el destrozo de uno de los pináculos de los bancos restaurados del Paseo de las Delicias.
Un homenaje al legado de la Expo 92
La escultura había sido instalada a petición de la Delegación de Turismo y de la Asociación Legado Expo, como homenaje a uno de los símbolos más recordados de la Exposición Universal. La figura ocupaba uno de los nuevos bancos habilitados en este espacio renovado de la Cartuja, que también incluye la recuperación de las dos fuentes ornamentales construidas para la Expo 92, que permanecían fuera de servicio desde hacía años.
Para los vecinos de Sevilla, especialmente aquellos que vivieron la Expo, la desaparición de Curro supone un golpe a la memoria colectiva. La mascota, diseñada por el ilustrador alemán Heinz Edelmann —conocido por su trabajo en la película Yellow Submarine—, representa un ave de largo pico y cresta arcoíris que se convirtió en un icono generacional.
Curro, un símbolo que se resiste a desaparecer
La Expo 92, celebrada entre abril y octubre de ese año en la Isla de la Cartuja, reunió a más de un centenar de países y transformó profundamente el desarrollo urbano de Sevilla, dejando como legado espacios como el propio puente de la Barqueta. Curro, cuyo nombre se eligió mediante un concurso, fue la cara amable de aquella cita mundial y aún hoy sigue siendo un icono para los sevillanos.
El Ayuntamiento ha anunciado que presentará una denuncia y que el caso será investigado. Mientras tanto, los vecinos de la Cartuja y el resto de la ciudad se preguntan quién y por qué se ha llevado una figura que, más allá de su valor material, representa el espíritu de una Sevilla que miró al futuro. La próxima vez que pasen por el puente de la Barqueta, se encontrarán con un hueco que, al menos por ahora, nadie ha logrado llenar.

