La estatua de Curro, instalada hace un mes en la Glorieta de la Barqueta, ha sido encontrada vandalizada en los alrededores. El Ayuntamiento de Sevilla ya la ha recuperado para restaurarla.
La figura de Curro, la icónica mascota de la Expo 92, ha sido hallada este domingo en los aledaños de la Glorieta de la Barqueta en un estado de vandalismo evidente. Fuentes municipales confirmaron que la estatua, que desapareció durante la madrugada, ya está en dependencias del Ayuntamiento de Sevilla para su restauración.
La desaparición se produjo entre la medianoche del sábado y las primeras horas del domingo. Según testigos, la figura aún estaba en su sitio alrededor de las doce de la noche, pero al amanecer ya no quedaba ni rastro. El banco de piedra donde estaba anclada presentaba marcas de forcejeo y restos de la base arrancada.
Un homenaje que duró solo un mes
El Ayuntamiento de Sevilla instaló la estatua de Curro el pasado 11 de junio, coincidiendo con la finalización de las obras de reurbanización de la Cartuja. La figura, sentada sobre un banco de piedra, pretendía ser un homenaje a la Exposición Universal de 1992 y un símbolo de bienvenida para los visitantes de la zona. Sin embargo, apenas un mes después, los vecinos de Sevilla se han encontrado con la imagen de un banco vacío y la estatua maltratada.
La cuenta de Instagram Lost In Seville (@losti_oficial) difundió este domingo las imágenes del banco vacío y de los restos del anclaje. La misma cuenta ha sido la encargada de informar de que la obra fue encontrada en una fuente seca cercana, lo que ha permitido su rápida recuperación.
El legado de la Expo 92, otra vez en el punto de mira
La escultura formaba parte de un plan municipal para renovar una zona que durante años había sufrido un importante deterioro urbano. La actuación incluía también la recuperación de las fuentes ornamentales construidas para la Expo 92 y la restauración del mural Verbo América, del artista chileno Roberto Matta. Ahora, el acto vandálico ha puesto de nuevo sobre la mesa el debate sobre la conservación del legado de la exposición universal.
Para los sevillanos, Curro no es solo una mascota; es un símbolo sentimental de una época que marcó la historia de la ciudad. Su instalación había sido recibida con ilusión, especialmente entre quienes vivieron la Expo 92. Ahora, el Ayuntamiento deberá decidir si la repone en el mismo lugar o busca una ubicación más segura.
Mientras tanto, la figura ya está en manos de los restauradores municipales. Se espera que en los próximos días se conozca el alcance de los daños y el tiempo necesario para devolver a Curro a su sitio. La pregunta que muchos se hacen es si, cuando vuelva, lo hará con una sonrisa o con un ojo morado.

