Más de 15.000 personas se congregaron en los puntos de animación de San Pablo y Fibes para festejar el triunfo de España ante Argentina en la final del Mundial 2026. La ciudad vibró con el gol de Ferran Torres en la prórroga.
El gol de Ferran Torres en el minuto 106 de la prórroga desató la locura en Sevilla. La ciudad, que ya había vivido la primera Copa del Mundo en 2010, volvió a teñirse de rojo y amarillo para celebrar la segunda estrella de la selección española. Más de 15.000 personas se dieron cita en las pantallas gigantes instaladas en San Pablo y Fibes, los dos puntos oficiales de animación habilitados por el Ayuntamiento.
Una fiesta intergeneracional en San Pablo
Para muchos sevillanos, la final del Mundial 2026 fue un viaje en el tiempo. Paco, que en 2010 vio el gol de Iniesta solo en casa, esta vez compartió la emoción con su hijo de 15 años. "La primera la vi solo; la segunda, con mi niño", explicaba emocionado. En San Pablo, donde se concentraron unas 10.000 personas, la mezcla de generaciones fue constante. Joaquín, un joven sevillista de 14 años, vivió su primera Copa del Mundo en directo. "Me sé la narración entera del gol de Iniesta. La jugada la empieza Jesús Navas", comentaba con una sonrisa.
Fibes, el otro epicentro de la celebración
El recinto de Fibes, con capacidad para 5.000 personas, también se llenó hasta la bandera. Allí, aficionados de todas las edades siguieron el partido en una pantalla de grandes dimensiones. La euforia estalló con el pitido final y los abrazos entre desconocidos se multiplicaron. "Es increíble ver cómo el fútbol une a la gente", señalaba una joven que celebraba con su grupo de amigos. La bandera andaluza ondeó junto a la española, y Gavi, el centrocampista del Barcelona, la izó en el césped del estadio, un gesto que los sevillanos corearon con orgullo.
Un triunfo que trasciende rivalidades
La victoria de España sirvió para dejar a un lado las rivalidades locales. Durante la final, sevillistas y béticos compartieron espacios sin rencillas. "Ya fuera contra Argentina, Trump o Infantino; ya fuera para aplaudir a ese que cuando juega el domingo contra tu equipo te cae tan rematadamente mal", resumía un aficionado en San Pablo. El gol de Ferran Torres, que rompió el empate en la prórroga, fue el detonante de una alegría colectiva que se prolongó hasta bien entrada la madrugada.
El Ayuntamiento de Sevilla, que había preparado un dispositivo especial de seguridad y limpieza, valoró positivamente el desarrollo de la celebración. No se registraron incidentes graves, y los servicios de emergencia atendieron solo casos leves relacionados con el calor y el consumo de alcohol. La pantalla gigante de San Pablo se convirtió en el punto de encuentro por excelencia, con un ambiente festivo que recordó al de la final de 2010.
Para muchos sevillanos, esta segunda Copa del Mundo tiene un sabor especial. "La primera fue mágica, pero esta la he vivido con mis hijos", comentaba un padre de familia. La selección española vuelve a demostrar su capacidad para unir a un país, y Sevilla, una de las ciudades más futboleras de España, respondió con una movilización masiva.
La celebración continuó en los bares y plazas de toda la ciudad, donde los aficionados corearon cánticos y ondearon banderas hasta el amanecer. El lunes siguiente fue declarado festivo local en muchos municipios de la provincia, aunque no de forma oficial, lo que permitió a muchos sevillanos alargar la fiesta sin preocupaciones laborales.

