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Las rejas de la Catedral de Sevilla: un arte olvidado que merece ser mirado

Las rejas de la Catedral de Sevilla, desde el Gótico al Barroco, conforman un patrimonio artístico de primer orden que a menudo pasa desapercibido para el visitante.

Lucía Moreno CabreraLucía Moreno Cabrera· · 3 min de lectura

Más allá de la Giralda y los Reales Alcázares, la Catedral de Sevilla guarda un patrimonio artístico que a menudo pasa inadvertido: sus rejas. Un recorrido por la evolución de la rejería andaluza desde el Gótico hasta el Barroco.

Quien recorre la Catedral de Sevilla suele fijarse en la altura de sus bóvedas, en el retablo mayor o en la Giralda. Pero hay un elemento que, sin hacer ruido, ha definido el espacio y la luz del templo durante siglos: las rejas. Este conjunto de cierres de hierro forjado, que protege capillas y altares, constituye una de las colecciones más singulares del arte de la rejería en Andalucía.

Lejos de ser meras barreras, estas pantallas caladas tamizan la luz que entra en el edificio y generan una atmósfera de recogimiento. El visitante que las ignora se pierde una lección de historia del arte que abarca desde el Gótico hasta el siglo XX.

La rejería andaluza alcanzó su cénit en el siglo XVI, cuando pasó de ser un oficio puramente funcional a una expresión artística de primer orden. Las sinuosas curvas y los esbeltos barrotes de las rejas renacentistas y barrocas transformaron la arquitectura religiosa de la región.

Hierro llegado del norte

Las rejas de la Catedral fueron sufragadas por el Cabildo y por particulares que poseían capellanías. El diseño corría a cargo del Maestro Mayor de la catedral, que en numerosas ocasiones aportó los dibujos. El material, el hierro, no se obtenía en los alrededores de Sevilla, sino que se importaba de los yacimientos del País Vasco, a través de los mercaderes vizcaínos y guipuzcoanos que comerciaban en la ciudad.

Los maestros rejeros instalaban sus talleres en las cercanías del templo, como el Corral de San Miguel o el Postigo del Carbón. Cuando la pieza era de gran tamaño, como la reja del Altar Mayor, tenían que trasladarse a dependencias del Alcázar para poder trabajar en ella.

Dos nombres destacan en la introducción de las innovaciones técnicas del siglo XVI en la diócesis: Sancho Muñoz y Fray Francisco de Salamanca. Junto a sus colaboradores, realizaron varias de las rejas que aún hoy pueden verse. La mayoría de los altares del siglo XVI conservan sus rejas y barandillas originales. La del altar de la Piedad se atribuye a estos maestros, y las restantes siguen diseños de otros arquitectos, como Miguel de Zumárraga.

Del Barroco al neogótico

Del siglo XVII sobresale la monumental reja de la capilla de la Concepción, obra de Pedro Muñoz, policromada por Juan de Valdés en 1654. Esta pieza sirvió de inspiración en 1778 para la que realizó Fray José Cordero en la capilla de San Pedro. Las capillas de San Laureano, del Pilar, San Leandro y San Isidoro lucen rejas del siglo XVIII, mientras que las neogóticas de San Andrés y Evangelistas pertenecen al siglo XX.

El arte del hierro en el valle del Guadalquivir experimentó un gran impulso gracias al auge económico que siguió al descubrimiento de América. Los historiadores distinguen tres grandes etapas: el Gótico, con barrotes torsos y corazones invertidos; el Renacimiento, la época dorada del siglo XVI, con maestros como Bartolomé de Jaén y Fray Francisco de Salamanca; y el Barroco, que en los siglos XVII y XVIII aportó dinamismo y una ornamentación más recargada.

Las rejas de la Catedral de Sevilla, junto con las de la Capilla Real de Granada, se cuentan entre las más destacadas de España. Para el visitante, detenerse a observarlas es descubrir un capítulo esencial de la historia del arte sevillano que, por discreto, no es menos valioso.

Lucía Moreno Cabrera

Escrito por

Lucía Moreno Cabrera

Redactora

Historia del Arte por la Hispalense y guía turística frustrada. Amante del vermú, las ferias y los planes de última hora; firma cultura, moda y estilo de vida buscándole a Sevilla su lado más coqueto.