El grupo naviero valenciano Boluda Corporación Marítima compite por la concesión del astillero de reparaciones navales de Sevilla, con un plazo de 25 años y una inversión mínima de tres millones de euros.
El astillero de Sevilla, otrora gigante de la construcción naval que llegó a ocupar casi 200.000 metros cuadrados, vuelve a estar en el punto de mira de los grandes operadores marítimos. Boluda Corporación Marítima, el grupo valenciano líder mundial en remolque portuario, ha presentado su candidatura para gestionar durante 25 años las instalaciones portuarias sevillanas, según fuentes del sector.
La empresa compite directamente con AG Seville Shipyard, el actual concesionario que explota el recinto desde 2017 y que ya ha anunciado una inversión adicional de diez millones de euros si logra la renovación. El pulso entre ambos aspirantes promete ser intenso, con el Puerto de Sevilla como juez y parte.
Un pliego que apuesta por la modernización
El concurso, aprobado en abril por el consejo de administración de la Autoridad Portuaria de Sevilla, no se limita al mantenimiento y reparación de buques. Las bases incluyen también la posibilidad de construcción naval y desguace, lo que abre un abanico de oportunidades para la industria local. La concesión abarca el dique seco, el extremo sur del muelle del armamento para trabajos a flote, un edificio de oficinas de dos plantas y una rampa de varada que actualmente está fuera de servicio.
Quien resulte adjudicatario deberá realizar una inversión mínima de tres millones de euros para modernizar las instalaciones. Entre las actuaciones obligatorias figura la recuperación de la rampa de varada y la reparación o sustitución de la puerta flotante del dique seco, que presenta un importante deterioro tras décadas sin mantenimiento. No es un capricho: sin esa puerta, el dique no puede vaciarse para reparar buques.
De la gloria al declive y la esperanza de un renacer
El astillero sevillano, fundado por la Empresa Nacional Elcano de la Marina Mercante e inaugurado en 1956, fue durante décadas un motor económico de la ciudad. En sus años dorados, bajo el paraguas del INI y luego de Astilleros Españoles, construyó bulkcarriers y petroleros para la flota nacional y de exportación. Su último buque, un ferry que luego se llamó 'Villa de Teror', se terminó en Vigo. Pero en 2011 la factoría cerró, y de aquellos casi 200.000 metros cuadrados solo quedaron el dique seco y un varadero, reducidos a 20.000 metros cuadrados. Una sombra de lo que fue.
Ahora, con la llegada de operadores como Boluda, el astillero podría recuperar parte de su pulso. La empresa valenciana, que ya opera en Sevilla con su flota de remolcadores, ve en esta concesión una oportunidad estratégica para afianzarse en el Guadalquivir. Y los sevillanos, que han visto cómo el río perdía actividad industrial, cruzan los dedos para que la puja no se quede en agua de borrajas.
Qué supone para el puerto y la ciudad
La concesión no solo garantiza la actividad de reparación naval, sino que podría generar empleo y arrastrar a otras empresas auxiliares. El Puerto de Sevilla, que lleva años buscando diversificar su negocio más allá del grano y los contenedores, ve en el astillero un polo de atracción. La inversión mínima de tres millones es solo el primer paso: si el ganador cumple el pliego, el dique seco recuperará su funcionalidad plena y la rampa de varada volverá a botar barcos.
Para el vecino de Sevilla, el efecto no será inmediato, pero sí tangible a medio plazo. Más barcos reparándose en el puerto significa más actividad, más tránsito de profesionales y, quién sabe, quizá algún que otro contrato de construcción que devuelva el orgullo naval a la ciudad. Mientras, la puja sigue su curso y el reloj corre: la Autoridad Portuaria tiene previsto resolver la concesión en los próximos meses. Quien gane, se enfrentará al reto de devolver la vida a un dique que lleva demasiado tiempo en dique seco.

